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Montañas rusas, pulpo, samba, tren fantasma, calesitas... Un sinnúmero de juegos eran la atracción de miles y miles de chicos.
Anécdotas, muchas. La más presente, uno de mis primeros recorridos "sola" por los caminos de aquel mítico parque de Buenos Aires. Mis padres nos dejaron a un grupo de amigas y a mí en la puerta del parque de diversiones y nos pasaron a buscar dos horas después. Inigualable la sensación de libertad, que no estaba relacionada con el vértigo de la montaña rusa ni con los vaivenes del samba...
Hoy, al pensar en el paseo que estamos emprendiendo a través de este singular parque de diversiones, me gusta pensar en esas sensaciones que sentíamos frente a lo desconocido. Es, pues, el mismo vértigo que a nosotros, hoy adultos, en este peregrinar por las TIC's, nos seduce y nos aparta a un tiempo.